Se antojo difícil, muy complicado, casi épico. El Madrid debe remontar el tanto de Benayoun en Anfield de aquí a quince días. Tenía mucha razón Juande cuando decía que la eliminatoria iba a estar igualada y que se resolvería por detalles. Esos detalles resolvieron el partido de ida disputado en el Santiago Bernabéu. Un tanto a balón parado ha servido para que los reds se lleven un buen botín de la capital española.
El partido estuvo muy igualado en todas las líneas. Casillas y Reina sacaron lo poco que les llegó, las defensas abanderadas por Pepe y Carragher se imponían a los ataques, Gago y Lass tenían su guerra particular con Mascherano y Xabi Alonso y arriba, Robben y Benayoun, eran los únicos que tenían chispa para algo diferente.
Todo muy previsible. Los ingleses agazapados, muy bien atrincherados y esperando el error para salir rápidos al ataque. Los blancos, buscando respuestas a preguntas vitales. Y esas respuestas no llegaron en toda la noche. En ningún momento supieron superar esa maraña defensiva tejida por Benítez.
Las ocasiones fueron escasas. Ni uno ni otro tuvieron ninguna ocasión clara. Todo fueron disparos lejanos. Todo hacía indicar que el primer asalto quedaría en tablas, pero una falta noqueó al Madrid. Heinze se colgó innecesariamente de Kuyt al borde del área. La falta, esquina, era perfecta para poner cerradita al corazón del área pequeña. El vuelo del balón dictaría sentencia. Fabio Aurelio la botó de lujo y Benayoun remató a dentro.

El tanto mató al Madrid. Los minutos tras el gol fueron un asedio con más ansiedad que inteligencia. Balones largos que morían en la orilla. Al final, Benítez se llevó lo que venía a buscar. El mejor botín posible. Una victoria sin Gerrard y con un Fernando Torres mermado. La vuelta se antojo muy complicada, pero el Madrid es el Madrid.